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¿Qué podemos hacer con los demonios
en la Iglesia?

Jesús dijo: «Miren que les he dado el poder de ‘caminar sobre serpientes’ y escorpiones y sobre toda la fuerza del enemigo y nada los dañará» (Lucas 19).

Graciela Ramos, la Directora Asistente de Good News Ministries, enfrentó la ira y el temor de la gente en su parroquia luego que el Papa Francisco fuera acusado por el Arzobispo Carlo María Vigano:

Estaba charlando con un grupo de parroquianos cuando se nos acercó una señora muy anciana, en sus noventa, quien con un rostro muy preocupado nos preguntó: «¿Vieron todo lo que está pasando con el Papa? ¡Mi Dios, tengo miedo! ¿A dónde iremos? La Iglesia está siendo destruida, ¿qué vamos a hacer?

Una de las damas del grupo comenzó a criticar al Papa Francisco muy fuertemente, con una actitud pesimista y enojada. Estaba tan entusiasmada que no se dió cuenta que habían comenzado a aparecer lágrimas en los ojos de la anciana. Mi esposo y yo inmediatamente comenzamos a conversar con la anciana, explicándole que algo bueno saldría de todo porque Dios está en control de todo y se preocupa por sus hijos. Le dijimos que tenía que enfocar sus ojos en Jesús y en nadie más y que el Enemigo de Jesús quería destruir la Iglesia pero que eso nunca sucedería porque nuestro Señor ya lo había vencido en la Cruz.

Después de unos 45 minutos de mostrarle que no tenía nada que temer, se calmó y sonrió. Lentamente buscó a su familia y se fue.

La dama que había comenzado a criticar al Papa nos miró preocupada y dijo: «Creo que tenemos que tener cuidado con lo que decimos y frente a quién lo decimos.»

La IglesiaEl demonio ha estado trabajando duro para destruir la Iglesia desde dentro. Entendámoslo bien: todo lo terrible que está sucediendo es demoníaco — los pecados sexuales, los encubrimientos y la «hermandad de los sacerdotes» presionando a tantos buenos sacerdotes a callar el tema. Es mundial y estamos descubriendo cuán sistémico es, como la septicemia que infecta a todo el cuerpo con la bacteria que mata. ¡Pero este es el Cuerpo de Cristo! No importa cuán duro trate el demonio para destruirnos, Jesús ya ha resucitado de la muerte. Nosotros, la Iglesia, somos el Cuerpo resucitado de Cristo sobre la tierra, no el cuerpo moribundo.

Pero, ¿qué podemos hacer con los demonios en la Iglesia?

Antes de seguir adelante, me gustaría que leyeras la carta de Ralph Martin, presidente de la organización evangelizadora católica Ministries Renewal [Ministerios de Renovación]. Esta es, probablemente, la carta más importante de todo lo que he leído. Mis comentarios tendrán más sentido si primero la lees:

http://www.gnm-es.org/wp-content/uploads/2018/10/Dear-Troubled-Catholics.pdf

«Como escribió el Papa Benedicto XVI cuando era un joven sacerdote, la Iglesia deberá volverse más pequeña y más purificada antes de poder ser, otra vez, una luz para el mundo. La Iglesia está pasando por una purificación radical bajo la mano castigadora de Dios, pero ya podemos ver aparecer un vestigio de ferviente renovación en todo el mundo, lo cual es un verdadero signo de esperanza y de renovación por venir.» (Ralph Martin)

El Catecismo de la Iglesia Católica, publicado en 1994, habla proféticamente del mismo fenómeno.

Párrafo 671: El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavía acabado «con gran poder y gloria» con el advenimiento del Rey a la tierra. Este Reino aún es objeto de los ataques de los poderes del mal, a pesar de que estos poderes hayan sido vencidos en su raíz por la Pascua de Cristo.

Párrafo 675: Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes. La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra desvelará el «misterio de iniquidad» bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad.

Párrafo 677 (énfasis mío): La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección. El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal que hará descender desde el cielo a su Esposo. El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio Final después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa.

No sé si estamos en la prueba final, pero sí creo en lo que dicen las Escrituras sobre cómo no hay resurrección sin una crucifixión, no hay vida nueva sin una semilla que, primeramente, cae el suelo y muere, no hay unidad con Cristo sin unirnos a él en su muerte (en lugar de sólo en su gloria de resurrección, que es lo que yo seguramente prefiero).

Estamos sufriendo la persecución que va con la revelación del «misterio de la iniquidad». Yo estoy personalmente familiarizada con la persecución que resulta de detener los pecados de los sacerdotes. Durante los años fundacionales de Good News Ministries, perdimos nuestra buena reputación localmente a causa de esto. Pero Dios todo lo transforma en bien y la muerte de nuestras actividades locales, dio vida a nuestras actividades en internet gracias a lo cual estás recibiendo asistencia de nuestra parte hoy.

Entonces, ¿qué hacemos con los demonios en la Iglesia?

Un año, el Señor me mostró el poder del Rosario para vencer al mal en la Iglesia. Jesús repetidas veces me puso en circunstancias donde aprendí detalles de la vida de un sacerdote amigo que la mayoría de las personas nunca vieron. Fue como hacer inteligencia militar antes de pelear la guerra.

Cuando el plantel parroquial gritó pidiendo ayuda y no la obtuvo (y en un caso hasta fue despedido), mi amiga y yo no podíamos quedarnos sentados sin hacer nada. Tomamos en nuestras manos el mejor arma: el Rosario. Nos comprometimos a rezarlo cada mañana después de la Misa diaria mientras caminábamos por el perímetro del terreno de la parroquia. Hicimos esta caminata con el Rosario con sol y con lluvia, con frío y con calor hasta que la batalla fue ganada. Con amor rezamos por el alma del sacerdote, esperando que se arrepintiera y pedimos que si eso no sucedía, la parroquia pudiera tener un nuevo pastor que eligiera Dios.

La parroquia tuvo un nuevo sacerdote, un sacerdote santo, un maravilloso sacerdote que trajo sanación.

Desde mi primer experiencia con un sacerdote lujurioso, he proclamado en mis Reflexiones de las Buenas Nuevas y en otros escritos, que los abusos en la vocación del sacerdocio van más allá de los crímenes que molestan a los niños. He advertido sobre los «lobos con piel de cordero». He lamentado que esto sea una anti-evangelización, la cual hace que el pecado sea 1000 veces peor. Y he profetizado que Dios iba a purificar su Iglesia.

vence al mal con humildadLa purificación es dolorosa. Pero conduce a una renovación en la vida que es mucho mejor. Es un tiempo en que cada católico enfrenta el por qué pertenece a la Iglesia, por qué va a Misa y por qué apoya financieramente a su parroquia. ¿Es porque Jesús es su verdadero Señor? ¿Está enfocado en Cristo? ¿Sabe por qué recibe la Eucaristía? ¿Comprende el valor de pertenecer a una comunidad de creyentes? Si no es así, debería partir.

«La Iglesia deberá ser más pequeña y más purificada antes de que pueda, nuevamente, ser una luz para el mundo.»

Esto da lugar a la pregunta: ¿Por qué aún no somos una luz para el mundo?

Los demonios en la Iglesia llegaron, primero, a los laicos, porque nuestros sacerdotes fueron primero laicos. La estrategia demoníaca ha sido oscurecer nuestra luz corrompiendo la idea de lo que es santo y de lo que es pecaminoso. El relativismo moral es el suelo fértil que alimenta el crecimiento de la inmoralidad de la cual nos estamos quejando en nuestros pastores pecadores.

¿Realmente deseamos una Iglesia llena de sacerdotes santos? Entonces, nosotros mismos primero debemos ser santos y difundir esa santidad en toda la Iglesia mediante el talento que el Señor nos haya dado. Comienza con un examen de conciencia, identificando las formas en las que hemos caído en pecado creyendo que no eran pecado.

© 2018 por Terry A. Modica


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