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¿Qué Significa Ser Apóstol Hoy?

Toda nuestra vida hemos peleado para ser alguien especial. Hemos gastado tanto dinero y esfuerzo luchando por ser exitosos. Pero cuando llegamos allí, nos damos cuenta que aún no somos lo suficientemente importantes.

Eso es porque medimos nuestro valor según los estándares del mundo, que nunca se satisface. Fuera de Dios, no somos nada. Pero en Él y a través de Él, ¡somos especiales! ¡Somos apóstoles! Nos creó con un propósito especial en mente.

La mayor alegría que jamás podamos recibir proviene de saber que para Dios somos alguien. Nunca hicimos nada para ser importantes. Es un don gratuito, que se nos dio en el Bautismo y la Confirmación.

Apóstol Hoy

Reconoce tu don. Di a ti mismo “Soy un sacerdote real. Soy una nación santa. Soy un apóstol. Estoy santificado. Fui santificado por el sacrificio redentor que Jesucristo hizo por mí. Soy la verdadera justicia de Dios, porque en Él yo vivo. Yo estoy en la orden más alta de la creación. Estoy por encima de los ángeles. Dios nunca llamó a un ángel hijo, pero yo he sido llamado Su hijo.” 

Saber esto nos mantendrá entusiasmados cada día de nuestras vidas. No necesitamos impresionar a nadie. ¿A quién podríamos impresionar de todas formas? Realmente no nos impresionamos entre nosotros. No podemos impresionar a Dios. Darnos cuenta de que esto nos libera para ser nosotros mismos, ¡porque ya somos magníficos!  Cada uno de nosotros es único, único en su clase, obra maestra original de Dios. Esa es la forma que Él eligió crearnos.

¿Por qué Es Tan Importante Ser Apostólico?

Durante el Congreso Vaticano II, 2.500 obispos escribieron el Decreto sobre el Apostolado de los Laicos para ayudarnos a comprender qué importante somos. En la Introducción dicen: “En su deseo de intensificar la actividad apostólica del pueblo de Dios, el Concilio lleva seriamente sus pensamientos a los laicos cristianos.”

Esta primerísima oración es un disparador de mentes. Demuestra cuánto se preocupan los obispos de la función que desarrollamos como laicos: “En su deseo…” Nos quieren asociados con ellos para llevar la Buena Noticia de Jesucristo al mundo. Quieren “intensificar”  – quieren suscitar, encender, incrementar – nuestra actividad apostólica. En otras palabras, nos recuerdan que somos parte de una Iglesia apostólica y que deberíamos estar haciendo más.

Nos dicen en el párrafo 3: “Del hecho de estar unidos con Cristo la cabeza, fluye el derecho y el deber de los laicos de ser apóstoles.” Como miembros del Cuerpo de Cristo, con Cristo como nuestra autoridad y guía, hemos sido privilegiados con el derecho  – y enviados con el deber – de hacer “a todos los hombres partícipes de la redención y salvación, y a través de ellos establecer la correcta relación del mundo entero con Cristo” (párrafo 2).

Cada cristiano es un apóstol. Cada uno es importante. “Un miembro que no trabaja en el crecimiento del cuerpo hasta el máximo de sus posibilidades debe ser considerado inútil para ambos, para la Iglesia y para sí mismo “(párrafo 2). ¡Guau! ¡Inútil!

Dios nos diseñó para ser importantes, pero nos hemos convertido en un inútil don nadie, haciendo demasiado poco para edificar el cuerpo, y dando muy poco de nuestro tiempo y talento.

“Lo único que cuenta es la fe expresándose a sí misma en el amor” (Gálatas 5,6 NIV). ¿Cómo estamos realmente expresando nuestra fe? ¿Estamos usando cada don, cada talento y cada habilidad para compartir el amor de Dios tanto como podamos? ¿Estamos usando nuestros recursos para el crecimiento de la Iglesia? ¿Estamos usando cada oportunidad para atraer al mundo a la correcta relación con Dios?

Piensa en el momento en que se te pidió que hicieras algo y lo rechazaste porque creías que no estabas lo suficientemente calificado. Imagínate que buscaban a alguien para organizar un estudio Bíblico para niños. Lo ignoraste porque tenías miedo de que pudieras ponerte de cabeza. Tus temores eran más fuertes que tu amor por los niños, y eso te hizo inútil.

Cuando respondemos con temor, somos inútiles porque subestimamos a Dios que nos ofreció la oportunidad de trabajar para Él. Nos hemos olvidado que Él es lo suficientemente poderoso para cumplir la tarea. Si Dios piensa que podemos hacerlo, entonces sí podemos, siempre y cuando nos mantengamos en contacto con Él y le permitamos trabajar a través nuestro.

Somos inútiles cada vez que subestimamos al Dios que nos ofreció la oportunidad de trabajar con Él. Somos inútiles cuando nos olvidamos que Él es lo suficientemente poderoso para ayudarnos a cumplir con la tarea exitosamente. Si Dios piensa que podemos hacerlo, entonces sí podemos, siempre y cuando nos mantengamos en contacto con Él y le permitamos trabajar a través nuestro.

Cuando fuimos Bautizados y Confirmados en el Espíritu Santo, nos convertimos en depósitos de las riquezas de Dios. Nos convertimos en un punto de distribución de la gracia de Dios. La esencia de nuestro ministerio como apóstoles es dar a los demás lo que hemos recibido de Dios. Por lo tanto, los obispos nos dicen en el Decreto que debemos poner “al servicio de los demás la gracia recibida…como buenos administradores de los variados dones de Dios” (párrafo 3).  Basan esto en la 1 Pedro 4,10 que dice: “Cada uno debe usar los dones que haya recibido para servir a los demás, administrando fielmente la gracia de Dios en sus formas variadas” (NIV).  Cualquier cosa que hayamos recibido, primero que nada vino de Dios, por lo tanto podemos usarlo para servir a los demás. Somos Sus canales. Como fluye de Dios, nosotros lo hacemos fluir a los demás. Él nunca reducirá nuestros recursos. Nunca podremos ser más generosos que Dios.  Ser generoso significa que  nos damos a nosotros mismos la oportunidad de experimentar la generosidad de Dios con nosotros.

Somos apóstoles. Dios nos dará todo lo que necesitemos para cumplir con nuestras obligaciones apostólicas, incluyendo los dones del Espíritu Santo. Cada uno de nosotros tiene una importante misión que es el regalo de Dios para nosotros. Nos ha privilegiado con ser Sus socios.

¿Qué Es una Actividad Apostólica?

“La Iglesia fue creada para difundir el Reino de Cristo por toda la tierra…Cada actividad del Cuerpo Místico que tenga esto a la vista, lleva el nombre de “apostolado” (párrafo 2). En otras palabras, todo lo que hacemos que glorifica a Dios es una actividad apostólica, y los obispos nos dicen que quieren que lo intensifiquemos.

El Catecismo enumera muchas clases de actividades que pueden ser apostólicas: nuestras oraciones, vida matrimonial y de familia, trabajo diario, descanso de la mente y el cuerpo, y aún los sufrimientos de la vida, “si son consumados en el Espíritu” (párrafo 901).

Cuando nuestras actividades diarias se convierten en sacrificios espirituales, se convierten en acciones santas, y así consagramos al mundo a Dios. ¿Ves qué importante eres? ¡Tus actividades apostólicas diarias están consagrando al mundo!

¿Pero qué pasa con esas actividades que seguimos haciendo que no son apostólicas? La Escritura nos manda a que nos aseguremos que todo lo que hagamos glorifique a Dios. De otra forma es inútil: “Cualquier cosa que hagan, sea de palabra u obra háganlo en nombre del Señor Jesús” (Colosenses 3, 17 NIV).

Hacerlo en el nombre de Jesús significa que somos ramas del amor de Dios y que nos mantenemos unidos a la vid que es Jesús: “Yo soy la verdadera vid…Ninguna rama puede dar fruto por sí misma, debe permanecer en la vid. Tampoco pueden ustedes dar fruto si no permanecen en mí” (Juan 15, 1.4 NIV). Por lo tanto todas nuestras actividades o actos no apostólicos resultan en frutos no duraderos. Son inútiles.

Los obispos escribieron: “La fecundidad del apostolado de los laicos depende de que su vida esté unida a Cristo” (párrafo 4). Jesús dijo: “Separados de mí no pueden nada” (Juan 15,5).

¿El tiempo que pasas viendo televisión, glorifica a Dios? Si no, es un uso sin valor de un tiempo muy valioso. Las actividades recreativas pueden glorificar a Dios, por ejemplo si recargan nuestra energía, y así podemos ser entusiastas en nuestro servicio, pero si nos apartan de nuestro apostolado, pueden ser inútiles.

Hay otras formas en que nos apartamos de nuestros apostolados. Por ejemplo, a muchos de nosotros no nos gusta lo que está sucediendo en nuestras parroquias, entonces tratamos de transformarlas mediante un cambio forzado – haciéndolo a nuestra manera. O tratamos de rediseñar a nuestros hijos o cónyuges u otras personas, dentro de la imagen que tenemos de cómo deberían ser.  Tomando los temas en nuestras manos, somos como una rama cortada de la parra, en lugar de dar frutos nos marchitamos, y la supuesta fruta que queremos imponer sobre los demás, deja un sabor amargo en nuestras bocas.

Los verdaderos apóstoles se reconocen por los siguientes frutos (según lo indicado en el párrafo 4):

1. Estamos escondidos en Dios. No nos glorificamos a nosotros mismos. Por lo tanto, la gente alrededor nuestro ve a Jesús, no a nosotros. Si estamos en un puesto público, poderoso, como presidente del Consejo Pastoral, la forma en que lideramos les enseña a los demás cómo es realmente Jesús.

2. Somos libres de la esclavitud de las posesiones y acumulamos riquezas que duran para siempre. El materialismo no nos maneja. No somos esclavos de nuestras casas que necesitan limpieza, o de los autos que necesitan que se los encere o de aparatos electrónicos que necesitan una gran cuenta bancaria.

3. “Gastamos todas nuestras energías en extender el reino de Dios” y nuestro espíritu cristiano es una fuerza energizante para el mundo. ¿La gente nos recordará como alguien que afectó sus vidas ricamente? ¿Recordarán cómo hicimos una diferencia en cualquier lugar que hayamos ido?

4. En tiempos difíciles perseveramos, porque “consideramos que nuestros sufrimientos presentes no son nada comparados con la gloria que será revelada en nosotros” (Romanos 8, 18 NIV). Tal vez estemos sufriendo financieramente porque tenemos más niños de lo que el mundo considera correcto, y la madre ha abandonado el ingreso extra para quedarse en casa para educarlos. La gloria de Dios se revela cada vez que los niños muestran su cariño haciendo alegres dibujos con rotos y viejos crayones en bolsas de la verdulería.

5. Con el amor que proviene del estímulo de Dios, hacemos bien a todos (Gálatas 6, 10). Nuestro vecino puede ser un gruñón boca sucia, pero cortamos su césped y buscamos otras formas para atenderlo.

6. Nos preocupamos por complacer a Dios en lugar de a otras personas. Tal vez un amigo quiere que te le unas a ver una película con imágenes pornográficas. Cuando dices que no, porque no quieres gastar ni tiempo ni dinero en una película como esa, se burla de ti y te llama fanático religioso.  No obstante, sigues convencido porque te preocupa más lo que Dios quiere que hagas.

7. Estamos siempre listos para seguir a Cristo, aún cuando signifique dejar cosas o ser perseguido.  En otras palabras, estamos deseosos de cargar la cruz con Jesús. Es dolorosa gastar dinero para arreglar el auto roto del vecino, especialmente cuando preferiríamos comprarnos algo para nosotros. Lo peor es cuando nuestros familiares se ponen locos con nosotros por no usar el dinero en nuestra propia familia. Pero nos regocijamos porque, más que nunca, nos sentimos cercanos a Jesús.

8. Alimentamos las amistades cristianas, en las que nos soportamos mutuamente en todas nuestras necesidades. La manera en que nos preocupamos unos por otros (por ejemplo “Tu necesidad es tan importante para mí como lo es para ti”) muestra al mundo de qué se trata el amor de Dios.

Los Apóstoles son Distribuidores de la Gracia de Dios

Cuando Jesús se convirtió en el Señor de tu vida, cuando Dios se convirtió en tu Padre por adopción, y cuando fuiste Bautizado y Confirmado en el Espíritu Santo, ¡tú te convertiste en el depósito de las riquezas de Dios! Te convertiste en un punto de distribución de la Gracia de Dios.

La esencia de tu ministerio como apóstol es dar a los demás lo que has recibido de Dios. Todo lo que Él te ha dado – amor, misericordia, perdón, sanación, guía, trabajo, dinero, casas, vehículos, posesiones, etc. – llegaron a ti por Su gracia. Y no fue por tu bien solamente que Él te ha dado todo esto.

Los obispos nos dicen en el Decreto, que debemos poner “al servicio de los demás la gracia recibida…como buenos administradores de las variadas riquezas de Dios” (párrafo 3). Refieren a 1 Pedro 4, 10, que dice: “Cada uno debe usar cualquier don que haya recibido para servir a los demás, administrando fielmente la gracia de Dios en sus variadas formas” (NIV).  Esa es la definición de generosidad.

La generosidad es una virtud difícil de alcanzar. No nos gusta entregar lo que tenemos. Usar los dones que hemos recibido significa: si hemos recibido poco, no debe darnos vergüenza dar poco; si hemos recibido mucho, no debemos temer dar mucho.

Somos los canales de Dios. Así como lo derrama Dios sobre nosotros, nosotros lo derramamos sobre los demás, y Él vuelve a derramarlos sobre nosotros porque jamás agotará nuestros recursos. No podemos ser más generosos que Dios. Ser generosos con los demás significa que nos damos a nosotros mismos la oportunidad de experimentar la generosidad de Dios con nosotros.

Por supuesto, siempre nos sentimos incómodos siendo los distribuidores de Dios. Nuestra naturaleza humana no cree que podamos confiar en Dios. Debemos dejar de escuchar nuestros temores y sentimientos; debemos responder sólo a Dios. Si confiamos en nuestras propias percepciones limitadas de lo que podemos y no podemos hacer, vivimos vidas mediocres y sin frutos.

¡Los Apóstoles Sirven a los Demás con Gozo!

Nuestro apostolado puede no ser tan glamoroso como quisiéramos. Puede que no parezca tan importante. Pero debemos ser conscientes que Dios sabe más que nosotros lo que es mejor para nosotros. ¿Por qué gastar tiempo tratando de cumplir con un trabajo que Él no nos ha asignado? ¿Por qué tratar de hacer el ministerio que le corresponde a alguien más? Nadie puede hacer su trabajo mejor que él mismo. Y nadie, excepto tú, puede hacer el trabajo que Dios te encomendó que hagas.

Cada uno de nosotros tiene una misión importante que es el regalo de Dios para nosotros. Nos ha privilegiado para ser Sus compañeros. A veces no nos sentimos bien haciendo lo que Él nos pide, pero allí es donde ofrecemos nuestro sacrificio. El sufrimiento que experimentamos descubre nuevas revelaciones sobre Dios y nosotros mismos. Seremos bendecidos con la experiencia.

Cualquier cosa que hagamos por el Señor, debemos hacerla con alegría, aún cuando sea refregar viejos potes de adorno. Jesús lavó los malolientes y sucios pies de Sus discípulos. Fue un momento poderoso para esparcir la gracia de Dios. No somos más grandes que nuestro Maestro. Tú también debes estar ansioso de servir de la misma manera que sirvió Jesús.

Haciendo esto, descubrirás que verdaderamente eres sin igual, único en tu clase, ¡obra maestra original del Más Grande Dios!

Oración para el Apostolado

Padre del cielo, me has creado para que sea especial, único en mi clase, una obra maestra original. Cuando me creaste me llamaste bueno y, ahora, me llamas para servirte a ti como apóstol.

En el nombre de Tu Hijo, Jesús, lléname con la presencia de Tu Santo Espíritu y con los dones que deseas que use. Muéstrame cuándo y cómo usar estos carismas y ayúdame a desprenderme de mi orgullo y temores porque mi naturaleza carnal desea controlarme. Ayúdame a enfocarme en en lo que Tú ne estás llamando a hacer. Quiero ser un instrumento dúctil en Tus manos.

¡Amén!

© 2001 por Terry A. Modica
También disponible: Servicio de Oración para el Llamado al Ministerio (Esta es una versión previa de nuestro folleto gratis en versión PDF, que puede ser ordenada debajo.)

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