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¿Tiene razón la Iglesia Católica sobre la anticoncepción?

El debate sobre si el las leyes federales y estatales deberían exigir cobertura para la anticoncepción y la esterilización, ha creado una oportunidad magníica para dar al mundo formación en la fe sobre un tema muy mal interpretado. ¿Qué tan bien lo estamos haciéndolo?

La pregunta disparadora: ¿Debería permitírsele a un gobierno que está basado en la división entre Iglesia y Estado que dicte conciencias religiosas?

¿Cuál es nuestra respuesta?: Recuerdo la época, durante la guerra de Vietnam, en que los reclutas podían declarar “objeción de conciencia” para matar y el gobierno lo permitía. ¿Cuándo fue la última vez en que escuchaste a alguien declarar “objeción de conciencia”? ¿Qué ha sucedido con la actitud americana de libremente objetar al gobierno, basado en la conciencia?

Si no objetamos, pagamos serias consecuencias que resultan de ignorar las fuerzas que atacan nuestra Fe. Más y más cosas del mundo están infiltrándose en nuestra experiencia de fe. El Cuerpo de Cristo en la tierra, que es la Iglesia, que nos incluye a ti y a mí, se enferma y debilita cada vez más.

¿Declaramos “objeción de conciencia” solo cuando nuestras vidas están en peligro, como cuando nos hacen pelear en zonas de guerra? En otras palabras, ¿sólo cuando es conveniente para nosotros?

¡Conveniente! ¿No es la conveniencia personal la razón por la cual tantos católicos ignoran – y ni siquiera se preocupan por tratar de entender – las enseñanzas de la Iglesia sobre control artificial de la natalidad?

La pregunta subyacente: ¿es realmente un pecado el uso de anticonceptivos?

¿Deberíamos pronunciarnos contra la interferencia del gobierno en materia de conciencia o deberíamos, también, pronunciarnos contra la mirada mundana y la mala interpretación desenfrenada del tema del control artificial de la natalidad?

La respuesta que necesitamos para comprender mejor: Algunos anticonceptivos no evitan el embarazo sino que terminan con un embarazo en sus primeras etapas, lo cual es un aborto inducido. Consideremos esto brevemente. Aunque un embrión esté compuesto por sólo unas pocas células en sus primeros días, son células de una persona real, un ser humano que, si se lo deja crecer, se convertirá en una persona reconocible. No es un caballo. No es un tumor. No es meramente tejido que no tiene una personalidad asignada por la genética y por nuestro Dios Creador, fuente de la vida. Por lo tanto, en este caso: Sí, el uso de esta forma específica de control de la natalidad es, en realidad, la destrucción de otro ser humano, un pecado.

Pero, ¿qué pasa con la anticoncepción que impide el embarazo? ¿Cómo podría ser pecado eso? En otras palabras, ¿cómo podría ser destructivo de una manera contraria a la manera de Cristo?

En 1998, el Papa San Juan Pablo II escribió:

Espero que todos se beneficien de un estudio más profundo de las enseñanzas de la Iglesia sobre la verdad del acto de amor en el cual los esposos se convierten en colaboradores de la acción creativa de Dios.

La verdad de ese acto deriva de que es expresión de la entrega personal recíproca de los esposos, entrega que no puede menos de ser total, pues la persona es una e indivisible. En el acto que expresa su amor, los esposos están llamados a entregarse recíprocamente a sí mismos en la totalidad de su persona: nada de lo que constituye su ser puede quedar excluido de esta entrega. Esta es la razón de la ilicitud intrínseca de la anticoncepción: introduce una limitación sustancial dentro de esta entrega recíproca, rompiendo la «inseparable conexión» que existe entre los dos significados del acto conyugal, el unitivo y el procreativo, que el Papa Pablo VI indicaba como inscrita por Dios mismo en la naturaleza del ser humano (cf. Humanae vitae, 12).

De manera interesante, un apoyo al Humanae Vitae llegó recientemente de una fuente secular: Business Insider publicó un análisis de predicciones hechas por el Papa Pablo VI en Humanae Vitae. Los escritores señalan, con estadísticas sorprendentes, que tenía razón en sus alertas sobre cómo la aceptación de la anticoncepción podría dañar a la sociedad. (Es hora de admitirlo: la Iglesia siempre tuvo razón sobre el control de la natalidad[en inglés])

Entonces, ¿por qué no nos hemos dado cuenta nosotros mismos? ¿Por qué no hay un grupo de católicos objetando conscientemente la infiltración de nuestra sociedad secular en nuestras habitaciones? Todos sabemos la respuesta a esto: la mayoría de nosotros no queremos, ni siquiera tratar de comprender las enseñanzas de la Iglesia sobre el control artificial de la natalidad. No es conveniente.

En mi experiencia, los católicos que descartan u objetan las enseñanzas de la Iglesia contra el control artificial de la natalidad, simplemente no comprenden lo que la Iglesia está diciendo y por qué. Durante años, yo tampoco lo entendí. La verdad no ha sido bien enseñada, ni bien extendida y el lenguaje utilizado no ha sido el coloquial. Alabado sea Dios, los seminarios sobre La Teología del Cuerpo están, ahora, llenando los espacios para aquellos que se preocupan lo suficiente como para educarse al respecto.

Mi esposo y yo tenemos dos hijos que planificamos y decidimos usar anticoncepción artificial para evitar más embarazos. Nos unimos al equipo de Cursillos Pre-Matrimoniales de nuestra parroquia para ayudar a las parejas comprometidas a prepararse para el matrimonio. Una y otra vez, escuchamos a las otras parejas del equipo, dar la “charla sobre sexo” donde se explicaban las enseñanzas de la Iglesia sobre el control de la natalidad. No queríamos creer que estas enseñanzas se aplicaban a nuestra situación.

Finalmente, una pareja del equipo lo explicó de una forma que tuvo sentido para mí: Jesús dijo que amar significa dar la propia vida por otro. El amor marital significa hacer esto hasta tal punto en que nos damos TOTALMENTE al otro. No retenemos nada para nuestro cónyuge – ni siquiera nuestra fertilidad. Dado que el matrimonio incluye a Dios (bueno, debería o no sobreviviremos a las dificultades del matrimonio y, así, evitar el divorcio), la pareja, junta, ama a Dios tan plenamente que no quieren guardarse nada con respecto a Él – ni siquiera su fertilidad. Y Dios no se guarda nada, incluyendo su sabiduría sobre cuántos hijos tener.

El matrimonio es un reflejo del amor de Dios. El matrimonio es un testimonio para el mundo que muestra a los demás cómo es el amor de Dios. El amor de Dios es fiel; los esposos están llamados a ser fieles entre sí y, por lo tanto, testificar al mundo lo que verdaderamente significa amar. El amor de Dios es creativo y productivo; los esposos que están realmente enamorados ejemplifican la naturaleza rica y exuberante de Dios, nuestro Creador, de producir vida desde el amor. Por lo menos, eso es lo que hace cuando estamos más enamorados de Dios que de nuestros deseos y metas egoístas.

La tercera pregunta es sobre la elección del plan de salud correcto: ¿Por qué pronunciarse contra los planes de salud que incluyen anticoncepción y esterilización? ¿Cuál es el problema después de todo? Si cada individuo, de acuerdo a su conciencia, puede elegir no usar anticonceptivos, ¿por qué alguien debería objetar la contratación de un servicio de salud que incluye anticoncepción? Los empleados no están obligas a usar anticonceptivos.

La respuesta de una conciencia a la manera de Cristo: Como empleador que tiene a su cargo una organización católica, si yo tuviera que proveer seguros de salud que incluyeran anticoncepción y, si yo debiera dar aprobación silenciosa no objetándolo, estoy exponiendo a mi plantel de empleados a la ocasión de pecar. Aunque es su decisión privada el elegir o no pecar, yo estoy llamada por Cristo a ayudar a los demás en su santidad eligiendo no darles la oportunidad de pecar.

Otro ejemplo de este principio Cristiano es la clase de ropa que yo, como mujer, elijo para usar. Si yo debiera usar, por ejemplo, una blusa provocativa que atrae la atención sobre mi figura, soy libre de hacerlo y, por sí mismo, eso no es pecado. Pero, tal vez, alguien que me ve es vulnerable a ser lujurioso. Cualquiera que me ve y comete el pecado de lujuria como resultado de verme – hace que yo tenga cierta responsabilidad por su decisión de pecar, porque yo le di la ocasión de pecar.

En el Sermón en los Sembrados, en Lucas 6, 29, Jesús nos dice que si alguien nos roba, en lugar de demandar que lo devuelva, deberíamos permitirle quedarse con lo que robó ¡e incluso darle más! ¿Por qué? Porque la manera más amorosa de tratar a una persona y evitarle la ocasión de pecar es dejarle libremente que lo tenga, entonces ya no será una cosa robada. Lo que se llevaron se convierte en un obsequio de nuestra parte.

Jesús dice en Lucas 17,2 que si alguien hace que los pequeños pequen, sería mejor si se ahogaran arrojándose al agua con una piedra para que no hagan más daño. ¿Se refiere esto a que una vez crecidos los niños ya no hay problema con llevarlos a pecar? Por supuesto que no.

Si cualquier empleado mío elige pecar en la privacidad de su habitación (o en cualquier otro lado) soy responsable ante Dios por cualquier mensaje que yo envíe que, o bien apoye su pecado, o le dé la oportunidad de apartarse de ese pecado.

¿Y luego qué?

Hay un tema adicional, muy importante, a tener en cuenta. Si nos encontramos en una situación donde trabajamos para una compañía que provee planes de seguridad que incluyen anticoncepción y esterilización, ¿entonces qué?

Tenemos la responsabilidad y la oportunidad de enseñar al plantel por qué la anticoncepción y la esterilización es un pecado. No podemos, simplemente, esperar lo mejor y mirar para otro lado frente a la pregunta de si los empleados eligen o no usar los anticonceptivos que tenemos, provistos mediante el seguro de salud que les ofrecemos. La moral nunca se enseña mediante leyes y obligando a cumplirlas, tampoco quitando las leyes que nunca deberían haberse aprobado. La moral se enseña formando buenas conciencias.

Y ahora regresemos al principio de este artículo. Todos necesitamos comprender qué se enseña, verdaderamente, en Humanae Vitae y por qué. Necesitamos bajarnos de nuestro caballo haragán llamado “Ignorancia” y preocuparnos lo suficiente sobre nuestra propia santidad y sobre el camino espiritual de los demás estudiando las enseñanzas actuales de la Iglesia. Casi todo católico tiene una idea de lo que dice Humanae Vitae basado en un conocimiento muy limitado de lo que realmente contiene, también basado en lo que los medios han estado diciendo de él.

¿Sabías que el tema básico de lo que se enseña en Humanae Vitae es el amor? ¡No es una dificultad vivir sin anticoncepción! Humanae Vitae enseña sobre el amor que respeta y honra a la pareja tanto como respeta y honra la vida de cualquier niño que su amor produce

Cuando mi esposo y yo aceptamos lo que oímos en el equipo de Cursillos Prematrimoniales, asistimos a las clases de Planificación Familiar y vivimos los siguientes 20 años sin ningún embarazo. No sólo previno embarazos in los efectos colaterales de los medicamentos anticonceptivos sino que mejoró nuestra relación. La Planificación Familiar enseña más sobre el amor entre cónyuges que lo que el mundo enseña con su actitud pro-anticoncepción. ¿Cómo? Este artículo ya ha sido lo suficientemente largo por lo tanto te dejaré con el desafío de que vayas y lo averigües por ti mismo.


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