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Sanando Nuestra Imagen de la
Paternidad de Dios

Sanando nuestra imagen de la paternidad de Dios. ¿No les parece que el Padre es la persona más difícil de la Trinidad con quien tener una estrecha relación?

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¿No les parece que el Padre es la persona más difícil de la Trinidad con quien tener una estrecha relación? Jesús es nuestro Amigo y Hermano. El Espíritu Santo es en quien nos confiamos para comprender y tener sabiduría. Pero el Padre es el que da miedo. Él es el que nos castiga. Él espera perfección de nosotros, y está demasiado lejos allá arriba, en el cielo, para ayudarnos con nuestros pequeños problemas diarios. ¿Verdad? ¡Error!

El Padre nos da amor total, bondad y misericordia. Él nos dio a Jesús para que no tengamos que enfrentar el castigo por nuestros pecados. Es totalmente paciente con nosotros, independientemente de lo imperfectos que somos, y está íntima e infinitamente preocupado por nuestras pruebas diarios.

La misericordia de Dios

Entonces ¿por qué no sentimos que Él es maravilloso?

Hemos recibido nuestras primeras imágenes de lo que es Dios de nuestros padres humanos, pero nos amaban escasamente, no importa lo bueno que hayan sido. Dado que ellos (u otras figuras de autoridad) nos castigaban, proyectamos en Dios la imagen de un padre que nos azota cuando fallamos en cumplir sus expectativas. Si las figuras paternas en nuestras vidas no han estado felices con nosotros cuando no hemos podido cumplir con sus expectativas, creemos que Dios tampoco está contento con nosotros. Si nuestros padres murieron durante nuestra infancia, dejaron a la familia, o viajaron mucho por negocios, asumimos inconscientemente que Dios Padre, tampoco está cerca cuando necesitamos su ayuda.

El Catecismo de la Iglesia Católica explica (en párrafo 239):

Al llamar a Dios “Padre”, el lenguaje de la fe indica… que Él es la bondad y el cuidado amoroso de todos Sus hijos… El lenguaje de la fe se basa en la experiencia humana de los padres que son, en cierta forma, las primeras representaciones de Dios para el hombre. Pero esta experiencia también nos dice que los padres humanos son falibles y pueden desfigurar el rostro de la paternidad y la maternidad… Él trasciende la paternidad y la maternidad humanas, aunque Él es su origen y modelo: nadie es padre como Dios es Padre.

Podemos aprender un montón sobre cómo es verdaderamente Dios Padre cuando meditamos las palabras que Jesús nos dio cuando nos enseñó cómo orar: Padre Nuestro…

La Persona de la Trinidad a quien le confiamos nuestras oraciones es el Padre. ¿Cuánta confianza tenemos verdaderamente en Él? Si nuestras imágenes humanas de padres/autoridades no podían ser confiables siempre (ninguna persona humana es totalmente confiable), entonces a menudo imaginamos que Dios nos fallará también. Jesús resume todas las Leyes y las enseñanzas de los profetas en dos mandamientos:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.” Este es el primer y mayor mandamiento. El segundo es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22, 37-39).

Cuando oramos el “Padre Nuestro”, estamos entrando en una relación de amor y confianza total con Él. Cuando oramos el “Padre Nuestro“, nos estamos uniendo a la comunidad de los hijos de Dios, comprometiéndonos a amarnos entre nosotros y a nosotros mismos como Cristo nos ama: “Un nuevo mandamiento les doy: “Ámense unos a otros. Como yo los he amado, deberán amarse entre ustedes” (Juan 13, 34).

El Catecismo nos dice que tener una relación amorosa con el Padre “tiene enormes consecuencias para toda nuestra vida” (pár. 222-227):

  • “Implica conocer la grandeza y la majestad de Dios.” No importa cuán amoroso, poderoso, cariñoso, colaborador y sabio creemos que es Dios, Él es infinitamente más que eso. Pero nosotros lo encajonamos en nuestras mentes, creyendo que Él es limitado porque todos los ejemplos y explicaciones de cómo es Él han sido limitados. Cuando nuestros problemas se tornan abrumadores y parece que la ayuda de Dios es muy limitado, es porque imaginamos que Él es lo que no es. Ese es el momento para orar: “Padre nuestro, dame hoy mi pan diario y ayúdame a entrar en contacto con la forma que Tú tienes de amarme aquí y ahora.”
  • “Implica vivir agradeciendo…todo lo que somos y tenemos proviene de Él.” ¿Cuánto crédito nos damos a nosotros mismos y a nuestro trabaja por las cosas buenas de la vida? ¿Cuánto crédito le damos a la suerte o a la casualidad? ¡En realidad, nada bueno existe excepto que venga de Él! Cuando oramos: “Santificado sea tu nombre,” justo después de llamar a Dios “Padre nuestro”, deberíamos decirlo con asombro y agradecimiento si verdaderamente creemos en la bondad plena de la Paternidad de Dios.
  • “Implica conocer la unidad y verdadera dignidad de todos los hombre.” Si realmente creemos que Dios es el Padre de todos, no tenemos prejuicios, no tenemos sentimientos de ser superiores a ciertas personas, no tenemos temores de ser inferiores a otros y no tenemos dificultades para amar a los que son más difíciles de amar. Dado que el amor de Dios es ilimitado e incondicional, el estar en una relación cercana con el Padre, crea en nosotros el mismo amor por todos. Pero, en la medida en que señalemos que hay alguien a quien Dios no ama plenamente porque él o ella no lo merecen, tendremos dificultades para creer que el Padre nos ama plenamente a nosotros, porque nosotros tampoco lo merecemos.
  • “Implica hacer buen uso de las cosas creadas…usar todo lo que no es Dios únicamente si nos acerca a Él, y desprendernos de ello si nos aleja de Él.” ¿Qué poseciones, qué personas, qué hábitos, ideas y sueños son difíciles de abandonar? Cuando creemos que verdaderamente el Padre nos ama plenamente, nada parece más importante que pasar tiempo sentado en Su amor, compartiendo nuestros corazones con Él y haciéndole favores. Si el televisor de un vecino se rompe y no puede reemplazarlo, no nos importa darle nuestro televisor porque nos encanta compartir lo que tenemos. Si la Iglesia nos pide más dinero, no nos importa incrementar nuestras donaciones porque sabemos que el Padre es generoso con nosotros. ¿Qué amamos más que a Dios?
  • “Implica confiar en Dios en cada circunstancia, aún en la adversidad.” ¿Vemos bendiciones en los problemas que experimentamos? Sí, si creemos. Él cuida de nosotros como un Buen Padre, preparando planes que sacar algo bueno del mal. ¿Qué pensamos de Dios cuando no responde a nuestras oraciones como queremos y en el tiempo en que lo queremos? ¿Decimos: “Dios tiene una mejor idea que yo para responder esta plegaria,” o tomamos el tema en nuestras propias manos? A menudo hacemos que las cosas sucedan antes de tener todos los recursos (por ejemplo comprensión, paciencia, amor sacrificial y conocimiento para permanecer en una relación difícil, dinero en lugar de tarjetas de crédito, contacto con personas correctas). Cuando salimos antes que dios, no estamos creyendo que Él es un Padre bueno y cuidadoso.

San Agustín lo resumió muy bien. Él dijo: “Padre Nuestro: este nombre despierta en nosotros el amor…y la confianza de obtener lo que estamos por pedir… ¿Qué no le daría a Sus hijos que le piden, si ya les ha dado el don de ser Sus hijos?”

© 1999 por Terry A. Modica
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